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ANTECEDENTES HISTÓRICOS

Poco después de la conquista de México en 1521, empezaron a arribar con regularidad los galeones españoles al puerto de Veracruz, cargados con las herramientas y objetos necesarios para trasladar el poder, la cultura y la religión de Europa a las nuevas tierras. Sus cargamentos incluyeron órganos muy pequeños, colocados sobre mesitas, que demostrarían ser un arma muy potente en la misión de convertir a la población indígena a la cristiandad. Puesto que las palabras siempre se aprenden y recuerdan con mayor facilidad cuando son cantadas que habladas, el proceso de evangelización fue más adelantado por la capacidad que tuvieron los órganos de proporcionar la línea musical para los cantos y el catecismo. La importancia de la música en el proceso de la evangelización fue tan bien reconocido por el rey Carlos V, que los frailes con habilidades musicales tenían una ventaja en la competencia para conseguir un puesto en la Nueva España.

El nuevo territorio fue dividido entre las órdenes religiosas y Oaxaca, que incluía los reinos antiguos de los mixtecos y zapotecos, fue otorgado a los dominicos. Poco después de su llegada a México en 1526, empezaron a penetrar en una línea diagonal hacía el sureste. La ruta parte de la ciudad de México y Puebla, atraviesa la Mixteca Alta y el Valle de Oaxaca, se prolonga hacia el centro comercial de Tehuantepec, en la costa Pacífico, y concluye en Guatemala, otro centro importante de los dominicos. Actualmente la distribución de los órganos históricos oaxaqueños sigue la vieja ruta evangelizadora de los dominicos, que a la vez correspondía al esquema del asentamiento prehispánico y a las rutas de comercio (haga clic aquí para ver el mapa de la ubicación de los órganos)

¿Cómo reaccionó el pueblo prehispánico cuando oyó por primera vez el sonido impactante de un órgano tubular? Los instrumentos de viento figuraban prominentemente en la música prehispánica, y la trompeta de concha de caracol, a menudo elaboradamente tallada y decorada, tuvo una importancia especial como instrumento ritual. Era soplado por los sacerdotes para invocar al dios del viento, y aún ahora en muchos pueblos oaxaqueños se utiliza esta trompeta para anunciar acontecimientos muy importantes. Si el poder del sonido reflejaba el poder divino que estaba siendo invocado, qué arma tan poderosa para la evangelización sería un órgano, un instrumento de viento como la trompeta, pero cuyo sonido es multiplicado muchas veces por la cantidad de tubos que tiene.

 

Dentro de pocos años después de la conquista, los pueblos mesoamericanos se involucraron en todos los aspectos de la música europea - cantando en los coros, componiendo partituras, tocando y construyendo instrumentos - y los talleres de construcción de órganos, dirigidos por los españoles pero realizados con mano de obra indígena, comenzaron a aparecer en la Nueva España. Había mucha demanda de órganos, puesto que una nueva iglesia no se consideraba completa hasta que contara con uno e incluso el órgano fue decretado por el Vaticano como el único instrumento legítimo para acompañar la liturgia.

Es probable que estos primeros órganos pudieran ser movidos de un lado a otro sobre sus mesas, de la misma manera que las imágenes religiosas son cargadas sobre mesas en las procesiones hoy en día. La construcción de los imponentes conventos de Cuilapam, Teposcolula, Yanhuitlán, Coixtlahuaca y otros, a menudo comenzaban con una capilla abierta que proporcionaba el espacio necesario para realizar las actividades catequizadoras y celebrar las misas con los órganos procesionales, hasta que la iglesia pudiera ser terminada., un proceso que a veces duraba 100 años.

A medida que evolucionaban las estructuras y necesidades de las primeras iglesias, los órganos fueron ampliados y perfeccionados. Los órganos procesionales fueron eventualmente acompañados o reemplazados por órganos más grandes y no movibles, llamados “órganos fijos”. Un documento existente en el Archivo Histórico de la Arquidiócesis de Antequera Oaxaca (AHAAO) ha registrado precisamente un caso de esa índole. En 1545, había un órgano en el primer edificio catedralicio (probablemente localizada en el sitio actual de la iglesia de San Juan de Dios) antes de que fuera construida la catedral actual. Para 1560, ese órgano, presuntamente procesional, fue trasladado al nuevo edificio de la catedral, localizado en el sitio actual, y fue tocado por el maestro organista Domingo de Alavez de 1555 a 1564. Sin embargo, para 1569 era evidente que ese pequeño órgano no satisfacía plenamente las necesidades del culto de la catedral, así que la construcción de un órgano nuevo y fijo fue encargado al maestro organero Agustín de Santiago, gracias a un préstamo del obispo de aquel tiempo, fray Bernardo de Alburquerque.

Aún después del la fundación de los talleres de organería en las provincias, parece que  los tubos, la parte más complicada de un órgano, pudieran ser importados de la ciudad de México hasta que hubiera especialistas en Oaxaca para hacerlos. El Códice Sierra hace referencia por medio de una combinación de la escritura pictográfica indígena y una mezcla de letras en nahuatl y español, de una “caxa de flautas” comprada por 180 pesos del Sr. Diego Gutiérrez en la ciudad de México por la comunidad de Santa Catarina Texupan (ahora conocida como Santiago Tejupan) en el año 1552. Se supone que fueron los tubos para un órgano y que los otros componentes--la caja, los fuelles y las piezas interiores de madera y piel—fueron hechos localmente.

                   

El cómo llegaron estos primeros órganos a Oaxaca se aclara mediante una referencia documental de 1606, en la cual un escribano de la comunidad chocholteca de Teotongo registra que a cinco hombres se les pagó 2 pesos y 6 tomines para trasladar un órgano desde la ciudad de México hasta la población de Tamazulapan. Esta tradición continuaba hasta el siglo XIX tardío, como nos contó el organista anterior (ya fallecido) de la comunidad de Santa María Alotepec, localizado en la zona Mixe. Un órgano fue pedido por la comunidad y cuando ya estaba terminado, todo el pueblo, incluyendo el abuelo del organista, un niño de seis años en ese entonces, caminaba tres días a Oaxaca para recoger las piezas del órgano, y luego tres días de regreso a su pueblo. Este niño cargaba algunos tubos en su espalda, apoyado por un mecapal.  Luego el organero (ensamblador) acudió al pueblo a armar el instrumento.                           

       

La construcción de iglesias dominicas en Oaxaca se inició alrededor de 1550 y continuaba a un paso asombroso por unos 150 años, aproximadamente hasta principios del siglo XVII, cuando empezó a disminuir, quizá porque ya existían un suficiente número de iglesias para una población drásticamente reducida desde la conquista. Los daños de fuertes terremotos durante el siglo XVII resultaron en la reconstrucción de muchas iglesias, por ejemplo la Catedral de Oaxaca. Se empezó a dirigir la atención más bien en la consolidación y decoración de las iglesias que en más construcciones, que alentó proyectos de menor escala tales como la remodelación de la iglesia con nuevos órganos, retablos, pinturas y decoración interior. Oaxaca era un estado bastante rico en el siglo XVIII debido al desarrollo comercial de los recursos naturales, en particular la grana cochinilla que se utilizaba para hacer la tinta roja que al fin teñía los uniformes de los “Redcoats” británicos y las tropas de Napoleón. Una gran parte del arte sacra más sobresaliente de Oaxaca—incluyendo los órganos—se fecha de este época.

 

La presencia dominicana seguía siendo fuerte y proporcionó la energía para unir los poblados dispersados bajo de una cultura religiosa. Pero en cuanto empezó a disminuir su poder e influencia en el siglo XVIII tardío, este refuerzo se perdió  poco a poco y empezaron a dominar el aislamiento y la pobreza en muchas comunidades. Los órganos fueron abandonados al deterioro en lugar de estar mejorados o reemplazados e irónicamente, debido a este abandono, el estado de Oaxaca cuenta hoy en día con un  porcentaje relativamente alto de órganos del siglo XVIII (como 40% del total) en comparación con otros estados más ricos de México.

Cuando visitamos los órgano en las comunidades, la gente a menudo nos pregunta de donde es el órgano…de Alemania? de España? Suponen que si es algo importante, tiene que ser importado. Les recordamos del gran talento artesanal que es tan notable hasta la fecha en Oaxaca y que seguramente fue esta misma habilidad la responsable de la construcción y decoración de los órganos en tiempos pasados.

 

 

 

 


 
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