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CARACTERÍSTICAS TÉCNICAS DE LOS ÓRGANOS OAXAQUEÑOS

 

Los órganos tubulares existentes en Oaxaca constituyen un tesoro de información. Independientemente de su estado de conservación, el minucioso estudio de estos instrumentos arroja importantes datos sobre la historia de su construcción, el arreglo de los teclados, las flautas, los registros y su tamaño relativo. Una vez reunida, esta información nos permite establecer sus principales características y demuestra el lugar tan especial que ocupan en la historia de la construcción de los órganos y su funcionamiento.

 

LOS ÓRGANOS OAXAQUEÑOS EXISTENTES

Hasta la fecha se tienen registrados 69 órganos en Oaxaca, sin embargo éstos solo representan una fracción de una gran cantidad de instrumentos que debieron haber existido desde mediados del siglo XVI. De hecho, muchos de ellos representan el final de una larga lista de instrumentos que fueron remplazados o modificados dentro de sus respectivas iglesias y puede suponerse que cada uno fue precedido al menos por un órgano.

Como grupo, los órganos oaxaqueños suelen ser más antiguos que los de otras regiones de México. Alrededor de un 40% fueron construidos durante el siglo XVIII o antes, mientras que la mayoría de los órganos registrados en otras regiones fueron construidos durante los siglos XIX y XX. Muchos de los órganos oaxaqueños prácticamente no fueron alterados a lo largo del tiempo, condición que no se debe a un interés por conservarlos sino a un efecto de marginación y pobreza creciente de las comunidades oaxaqueñas que comenzó a fines del siglo XIX. Cuando los órganos dejaron de funcionar, fueron olvidados y abandonados (y frecuentemente destruidos) debido a que el clérigo o las autoridades locales no pudieron o no quisieron costear su reparación. Ahora que la conservación de los órganos existentes ofrece una gran riqueza de información a organeros y académicos, también evidencia la pérdida de la importancia del órgano para las comunidades a través de los años.

 

LA TRADICIÓN DE LA ORGANERÍA EN OAXACA

No es posible saber cuál era el aspecto o cómo sonaban los primeros órganos que existieron, ya que no se conserva ningún instrumento del siglo XVI en México. Solo se conservan algunos del siglo XVII: el único caso oaxaqueño confirmado es la caja (sin sus tubos y su secreto) del órgano de la Basílica de la Soledad, fechado en 1686. Puede suponerse que los órganos oaxaqueños de los siglos XVI y XVII no fueron muy diferentes de los que se conservan actualmente, ya que parece ser que la tradición en la construcción de órganos en Oaxaca fue extremadamente conservadora como lo muestran los órganos construidos en el siglo XIX en donde es evidente la incorporación de elementos típicos del barroco como son los registros divididos y una afinación de la’=392, mientras que la organería en la región norteña del Altiplano evolucionaba y en algunos casos ya incluía la incorporación de pedales y una caja de expresión al mismo tiempo que conservaban un solo teclado y registros divididos. Una vez que los órganos europeos comenzaron a llegar a México hacia finales del siglo XIX, los organeros oaxaqueños, a diferencia de sus colegas de la ciudad de México y Puebla, aparentamente no pudieron o no quisieron adaptarse a las nuevas tecnologías. Quizá se debió también a un interés cada vez menor por parte de los mismos clérigos hasta que la profesión simplemente desapareció. Los órganos oaxaqueños más recientes (construidos entre 1880 y 1890) proceden de la ciudad de Puebla, y los dos órganos tubulares del siglo XX que se tienen registrados son de origen alemán.


El TECLADO Y LA OCTAVA CORTA

Los órganos oaxaqueños del siglo XVIII reflejan fielmente las características de sus modelos españoles. Cuentan con un solo teclado y carecen de pedales, en contraste con instrumentos europeos del mismo período. Hasta mediados del siglo XIX el teclado constó de 45 teclas (algunas veces 47), aproximadamente la mitad de la extensión del teclado de un piano moderno. Los teclados antiguos incluyen una octava corta, en donde las notas DO#, RE#, FA# y SOL# se omitieron en la octava más baja, ya que no eran necesarias como notas fundamentales para acompañar la liturgia, de acuerdo con los modos eclesiásticos antiguos. Como consecuencia, la octava fue recortada o comprimida y la tecla más baja del teclado que corresponde a MI en realidad emite el sonido de DO; el FA# suena como RE y el SOL# como MI. El uso de la octava corta fue una manera de reducir el costo de la construcción del instrumento. Puesto que los componentes más caros de un órgano son los tubos, la eliminación de cuatro de los más grandes significaba un ahorro importante. Por esta razón los tubos tapados de madera fueron usados a menudo para las notas más bajas en lugar de tubos abiertos de metal, también con el fin de reducir su costo. Alrededor de 1840, los teclados fueron alargados por ambos extremos hasta abarcar 56 teclas, y las notas que no existían en la octava corta ya fueron incluidas siguiendo un arreglo cromático normal. Los órganos se afinaban bajo un sistema de afinación renacentista conocido como mesotónico. En la segunda mitad del siglo XIX, el diapasón de los órganos oaxaqueños correspondía a la’=392 Hz, un semitono más bajo que el utilizado para los órganos españoles (la’=415 Hz) y un tono más bajo que la entonación moderna (la’= 440 Hz). Las investigaciones que se han hecho hasta ahora sugieren que se siguió utilizando el sistema de afinación clásica mesotónica de cuarto de coma.


REGISTROS DIVIDOS Y DISPOSICIONES NO-PARALELAS

Del mismo modo que sus ancestros españoles barrocos, los órganos oaxaqueños poseen registros divididos o “medios registros”, con la división en do’/do#’ (21 teclas/ 24 teclas). En algunos órganos oaxaqueños, las correderas de algunas hileras se dividen en si/do’, que no coincide con la división de los registros, un asunto que sigue en estudio. Los registros de la mitad superior del teclado (soprano o tiple) son controlados a través de botones o tiradores localizados en el lado derecho de la consola del órgano, mientras que los registros de la mitad inferior (bajos o graves) son controlados por los tiradores del lado izquierdo. De esta manera es posible combinar o alternar dos sonoridades contrastantes al mismo tiempo para producir un efecto sonoro impactante que es característico de los órganos ibéricos. Los compositores más famosos del siglo XVII, Pablo Bruna, Francisco Correa de Arauxo, Sebastián Aguilera de Heredia, Francisco Peraza, Sebastián Durón y Joan Cabanilles entre otros, a menudo usaron el medio registro en sus composiciones, y el repertorio musical evolucionó siguiendo esta estética musical. Curiosamente, durante el siglo XIX cuando los compositores ya no basaron sus obras en los registros divididos, los órganos seguían siendo construidos con esta característica. Dependía del organista la opción de utilizar registros parejos para producir el efecto unificado del órgano pleno o lleno.

Algunos órganos del siglo XVIII poseen disposiciones no paralelas en ambas mitades del teclado con el propósito de unificar los tonos, evitar sonidos chillantes en los agudos y sobre todo, generar un sonido más audible. Esto significa que algunos registros repiten el sonido de la octava previa en lugar de continuar la escala musical. Este retroceso tonal se puede observar fácilmente en el flautado, ya que la hilera de flautas no presenta el perfil progresivo que se esperaría. En Tlacochahuaya, los registros del tiple se replican, reforzando el sonido, y no corresponden a la disposición de las flautas más graves. Otros órganos antiguos se construyeron con disposiciones similares en ambos lados, aunque el teclado dividido siempre permitía la posibilidad de mezclar y combinar sonidos. La disparidad entre las dos mitades del teclado fue disminuyendo con el tiempo y para mediados del siglo XVIII, los registros de ambos lados fueron iguales.


LOS TUBOS Y LOS REGISTROS ESPECIALES

Alrededor de 1700, una fila de trompetas horizontales (el clarín y el bajoncillo) apareció por primera vez en la fachada de los órganos de Oaxaca y su brillante sonido era particularmente apropiado para la interpretación de piezas de batallas y fanfarrias. Aunque muchos órganos no restaurados todavía poseen algunas o todas sus trompetas horizontales, es más común encontrar solamente la fila de orificios en los que estaban colocadas, ya que estos tubos podían ser fácilmente removidos como curiosidades, para utilizarlos como juguetes para hacer ruido o para ser fundidos en la fabricación de balas en tiempos de guerra. Los órganos más grandes a menudo incluyen flautas tapadas (bardón 8´, tapadillo 4´) además de trompetas interiores (trompeta real), por lo general controlados solamente por la mano izquierda.

El sonido fundamental de los órganos más pequeños se reforzaba con una hilera de flautas tapadas. Estas podían producir el mismo tono que las flautas abiertas pero con la mitad de la altura, o teniendo la misma altura, las tapadas sonarían una octava más baja que las abiertas. Un tubo tapado de 2´ produce el mismo sonido que un abierto de 4´ y un tubo tapado de 4´, lo hace como un abierto de 8´. Los tubos tapados permitían a los órganos pequeños la posibilidad de contar con un registro más grave que el principal y un sonido más profundo.

Los registros de adorno o juguetes, especialmente los “pajaritos” y el “tambor”, son comunes en órganos de 2´ y 4´, pero no se encuentran en los grandes de 8´. Otros registros poco comunes son el de cascabeles que se ha encontrado solamente en el órgano de Ahuehuetitlán (un órgano del siglo XIX construido en Puebla), las estatuas de ángeles que cantan desde la parte alta de las torres del órgano de Teotongo y el extraño registro de tlaxaqueña en el órgano de Tlaxiaco.

Las mixturas o registros compuestos son raras. Los únicos ejemplos encontrados en Oaxaca aparecen en los órganos de San Pedro Cholula, La Basílica de la Soledad y la Catedral en la Ciudad de Oaxaca.

 

MECÁNICA DEL TECLADO

El sistema de acción de las teclas es suspendido en los órganos fijos, ya sea por acción directa en los instrumentos más antiguos o a través de un tablero de reducción. Este último mecanismo predominó en los órganos fijos construidos a partir de la segunda mitad del siglo XVIII. La mecánica del teclado de los órganos de mesa del siglo XVIII es corresponde al sistema de tracción de empuje usado en los órganos de cámara Renacentistas cuyo mecanismo se encuentra debajo del teclado. Este sistema de acción desapareció junto con los órganos de mesa hacia el siglo XIX.

 

DIMENSIONES DE LOS ÓRGANOS OAXAQUEÑOS

Las dimensiones de los órganos oaxaqueños (o más específicamente, las cajas necesarias para resguardar las flautas principales de mayor altura) van de las de los órganos fijos más grandes de 8´ (´ =pies)* a las de 4´ fijos y sobre mesa, hasta las de 2´ de los procesionales. La medida se refiere a la altura de la flauta principal de mayor tamaño, usualmente pero no siempre, colocada al centro de la fachada. La terminología española antigua usa los palmos como medida estándar en lugar de los pies: 8´=13 palmos, 4´=6 palmos, y 2´=3 palmos. Sin embargo, este término nunca aparece en los documentos o en las etiquetas de los registros por lo que aparentemente las medidas se consideraban implícitas. El número de registros varía desde los dos (en el órgano procesional más pequeño de Tlacolula) a 12 (mano izquierda) y 15 (mano derecha) en el órgano de la Basílica de la Soledad.
(Para conocer mayores detalles sobre las dimensiones de los órganos, consúltese la Lista Cronológica en esta página web).

Los órganos de mesa fueron comunes en el siglo XVIII y por supuesto antes de ese tiempo, pero su construcción disminuye gradualmente y finalmente desparece a principios del siglo XIX. El grupo de ocho órganos procesionales de 2´ son un vivo reflejo de los primeros modelos importados de España. Debido a su portabilidad, estos órganos fueron ampliamente utilizados durante la época de la evangelización dominica y la construcción de los templos y también para procesiones y celebraciones litúrgicas fuera de la iglesia. En contraste, los órganos de mesa de 4´ (se conocen nueve), construidos siguiendo el modelo de los procesionales, solo se encuentran en Oaxaca y son difíciles de ser movidos fácilmente, sin embargo, pueden ser levantados y recolocados para protegerlos de la lluvia o durante la renovación de los templos. Los órganos en los templos de Santa María Peñoles y Concepción Buenavista son enormes y con sus tres metros de altura son descendientes asombrosos de los órganos procesionales.

Las iglesias oaxaqueñas suelen ser pequeñas, construidas usualmente con muros muy gruesos, no sólo por el tamaño de sus comunidades, sino también debido al riesgo de los daños producidos por los terremotos, por lo tanto, los órganos suelen ser pequeños también. Aún en las comunidades más pobladas y prósperas, los órganos nunca alojaron tubos más largos de 8´ pies (no existe ningún órgano de 16´ en Oaxaca). El transporte de bienes a las comunidades remotas era difícil, así que sus órganos son relativamente pequeños: de 2´ o 4´. Las piezas del órgano eran transportadas en burros o en la espalada de peones contratados, o incluso por los mismos miembros de las comunidades. Una vez teniendo las piezas en el templo, se llamaba al organero para que armara el instrumento. De esta manera, proliferaron los órganos tubulares en todo el estado de Oaxaca.

Los órganos ensamblados fueron obras magníficas tanto para ser escucharlos como para ser admirados. Se requería de gran habilidad para construir sus componentes musicales así como para fabricar y decorar sus cajas. Este tema se describe detalladamente en el punto titulado “Decoración” dentro de la sección “Acerca de los órganos”


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