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SANTA MARÍA DE LA ASUNCIÓN TLACOLULA


 

EL ÓRGANO HISTÓRICO DE SANTA MARÍA DE LA ASUNCIÓN TLACOLULA

De acuerdo con documentos resguardados en los archivos del templo de Tlacolula, el órgano fue construido en 1791 por el maestro organero Manuel Neri y Carmona con un costo de $700 pesos, mas $200 pesos adicionales que cubrieron el costo del dorado. Cabe señalar que una de las flautas más altas de la trompetería interior tiene una inscripción incisa con la fecha “1666”; además se encontraron marcas con la forma de una cruz cuadrada en varias flautas del interior. Estas cruces se asocian a un periodo de gran influencia dominica en Oaxaca que inicia en el siglo XVI y corre hasta mediados del siglo XVIII a partir del cual, comienzan a desaparecer conforme esa influencia empezó a decrecer. Se sabe que los últimos órganos oaxaqueños que presentan estas cruces dominicas incisas en sus flautados datan de la década de 1740, por lo que se asume que la tubería del órgano de Tlacolula fue construida en una fecha anterior a la caja de 1791.


La tubería del órgano es muy homogénea y parece haber sido reciclada de un instrumento más antiguo, ya que $700 pesos del siglo XVIII no bastaban para financiar la construcción de un órgano completo. Sin embargo, eran suficientes para cubrir el costo de la caja, los fuelles y el mecanismo interno. De acuerdo con lo señalado, es posible aseverar que el órgano de Tlacolula posee la tubería completa más antigua entre los órganos barrocos del estado de Oaxaca, capaz de producir un sonido similar al generado por un instrumento del siglo XVII.


La caja del órgano de 1791 posee un patrón decorativo anacrónico, ya que se hizo bajo el estilo barroco cuando dicho estilo prácticamente se había extinguido. Para ese tiempo, la decoración de las cajas de los órganos se dejaba en un tono natural o se pintaba en un solo color, siguiendo los cánones establecidos por el estilo Neoclásico. Los mascarones del flautado de la fachada también siguen un estilo decorativo anacrónico que dejó de usarse desde mediados del siglo XVIII en Oaxaca. Su delicada factura y su expresión individualizada dan continuidad a la tradición barroca y contrastan drásticamente con la feroz expresión de los mascarones típicos de finales del siglo XVII y principios del XVIII que podemos encontrar tanto en órganos mexicanos como europeos.

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