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LA CONSERVACIÓN DE LOS ÓRGANOS HISTÓRICOS

TRABAJOS DE CONSERVACIÓN

La conservación de un órgano se realiza en forma sistemática e incluye limpieza, medición, documentación fotográfica, análisis y montaje del órgano.  Cada miembro del equipo de trabajo tiene una tarea específica, además de la colaboración general. Cuando se cuenta con la presencia de la organera Susan Tattershall en Oaxaca, ella supervisa el trabajo, capacita al personal del IOHIO en la organería y hace el análisis de la construcción del órgano; Peter Bryant se encarga de armar y ajustar la base de datos y se asegura que los campos estén actualizados; Ricardo Rodys, David Antonio Reyes, Joel Vásquez y Deborah Polhemus Ruiz hacen la limpieza del coro alto y realizan la medición de las partes del órgano; Rodys analiza las inscripciones históricas y Cecilia Winter registra la información en la base de datos a la vez que coordina las relaciones con la comunidad.

 

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Todo trabajo comienza con un aseo general del coro alto. La mayoría de los órganos se encuentran en comunidades rurales donde no han sido tocados por más de 50 años y por lo regular están muy sucios. Ya que la suciedad atrae animales, el deterioro se va acelerando. Además, si el órgano está abandonado o es utilizado para almacenar desperdicios, la comunidad no lo puede percibir como un objeto de valor que merece protección. Por lo tanto, uno de nuestros principales objetivos es hacer que el órgano se vea más presentable.

Una vez tomadas las fotografías de rigor, se sacan todos los objetos almacenados dentro de la caja, ya sea que estén o no, relacionados con el órgano. Posteriormente se limpia el interior de la caja que en algunos casos puede ser un trabajo difícil y desagradable. Se seleccionan las partes interiores de madera con mucho cuidado y se limpian minuciosamente. Se remueven los tubos si es factible y se lavan.  Si son policromados, se desempolvan nada más. Se extienden en el piso y se ordenan de acuerdo con sus registros y el arreglo interior del órgano. Se limpian las teclas una por una con ligera humedad.  

El exterior de la caja y los fuelles se limpian con ligera humedad o se desempolvan, dependiendo de si están decorados o no. Todos los componentes son fotografiados, medidos y analizados para entender la manufactura del órgano y registrados en la base de datos del IOHIO.

A continuación, todas las partes del órgano se vuelven a colocar en su lugar y las piezas sueltas de la caja se fijan cuando es posible. Los tubos y otros componentes muy pequeños o dañados se almacenan en cajas que se colocan en el interior del órgano o en un lugar cercano como protección.

 

Al menos un representante del municipio está siempre presente para observar nuestro trabajo, aunque en ocasiones nos han acompañado hasta treinta hombres, mujeres y niños en el coro. Por lo regular, la comunidad nos ayuda con los trabajos de conservación, subiendo y bajando cubetas de agua por la escalera del coro alto, limpiando piezas grandes y sencillas del órgano, sacando la basura y ordenando el coro al final del día.

Siempre aprovechamos la oportunidad para platicar con ellos sobre el órgano, su funcionamiento, la relación con otros órganos oaxaqueños y la labor del IOHIO, a la vez que aprendemos de su comunidad. Ellos, por su parte, siempre quieren saber si se puede componer el órgano, cuanto va a costar y quién lo pagará.  El momento más grato del día es cuando “presentamos” el órgano a la comunidad en un estado mejorado y más digno. A veces la transformación es notable, dejando a la gente asombrada por la belleza del órgano y el inesperado encuentro con el mundo de sus antepasados. Tenemos fe en que estas acciones garantizan que el órgano se mantendrá en un estado seguro y será cuidado y respetado hasta nuestra próxima visita.

                                                           


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